Dolor Pélvico

El dolor pélvico es una entidad clínica a veces difícil de diagnosticar y tratar, ya que engloba síntomas muy variados y con desencadenantes muy diferentes. A veces puede aparecer después del parto, en otras ocasiones puede estar relacionado con infecciones urinarias o vaginales, o con la entrada en la menopausia, o tras intervenciones quirúrgicas…

Puede afectar el sistema urológico, como por ejemplo en el caso de una cistitis intersticial o un síndrome de vejiga dolorosa, un síndrome prostático, un síndrome uretral…

También puede afectar el sistema reproductor produciendo dolor en órganos genitales como en la vulvodinia, la vestibulodinia, la dispareunia, el dolor causado por el ciclo menstrual…

El sistema digestivo también se puede ver implicado como en el caso del síndrome de intestino irritable, la colitis, la proctitis, el estreñimiento distal, las hemorroides…

O podría tener más relación con el sistema musculo-esquelético como en el caso del síndrome de dolor miofascial de la musculatura del suelo pélvico, una coccigodinia, una neuralgia del pudendo…

En cualquiera de los casos siempre hay que tener en cuenta que en un dolor pélvico, sobre todo cuando es de larga evolución, el origen suele ser multisistémico, con influencia de factores neuromusculoesqueléticos, hormonales, inmunológicos, comportamentales y emocionales. De aquí la importancia de realizar una valoración exhaustiva que abarque todos estos factores para poder realizar un tratamiento global que pueda ser efectivo.

A parte de la terapia manual será importante valorar si hay necesidad de generar cambios en cuanto a hábitos alimenticios y conductuales, añadir o regular la actividad física, aumentar el conocimiento del paciente de su cuerpo y de la fisiología del dolor para que pueda llegar a tener el control de lo que le está pasando y participar de manera activa en su propia recuperación